Decorar la mesa del jardín
Relajarse al aire libre es un gran lujo del que a veces no somos conscientes: pasamos tantas horas encerrados trabajando, arreglando la casa… que podemos llegar a olvidar lo vigorizante del contacto con la naturaleza. Si a este placer le unimos el de reunirnos con los amigos entorno a una buena comida, tenemos una ocasión especial. Y las ocasiones especiales hay que celebrarlas con mimo y poniendo un toque de belleza, que nunca está de más.
Para preparar una comida al aire libre, ya sea en el campo, la playa, el jardín o incluso la terraza tenemos multitud de opciones para decorar la mesa. Podemos empezar por combinar platos de colores y estilos diferentes pero armónicos, para salir de la monotonía y dar un toque de color.
Pero para terminar de romper con la rutina, lo mejor es integrar junto a nuestros platos la naturaleza que nos rodea. Hay modos muy sencillos de hacerlo: una simple ramita de menta en una jarra de agua de cristal decora y da un sabor refrescante a nuestra bebida. Las hojas grandes de las plantas (de palma, higuera…) pueden servir como mantelitos individuales o salvamanteles para colocar sobre ellos boles, platos de postre… Las hojas más pequeñas, como de hiedra, se pueden pegar entre sí para hacer también apoyaplatos o apoyapanes. Una ramita de olivo o un pequeño ramillete de flores silvestres pueden servir para hacer un atadillo con el que decorar los servilleteros. Y especies aromáticas o visualmente hermosas como el anís estrellado, la canela, las peladuras de naranja, o incluso musgo pueden servirnos para preparar un centro decorativo.
Pero si hay una estrella de la decoración natural, esas son las flores, aunque para no ser aburridos, hay que presentarlas de una forma original. Podemos, por ejemplo, llenar una bandeja de zinc con un poco de agua y colocar flores variadas sobre ellas. También podemos agrupar pequeñas macetas en una bandeja. Pero sobre todo, podemos jugar con la sorpresa: colocar las flores en botellas vacías, tazas, salseras, jarras de agua, cubos de metal…¡incluso una calabaza vaciada!
También podemos jugar con la propia comida: el zumo de sandía, además de aportarnos vitamina A, resulta muy refrescante en épocas calurosas. La parte de la fruta que no empleemos para el zumo la podemos cortar con un cortapastas en forma de estrellas, medias lunas… etc y servirla en un plato o fuente.
Siguiendo con lo inesperado, podemos hacer una cubitera para refrescar las botellas en una regadera, presentar los cubiertos en maceteros… ¡La cuestión es echarle imaginación!
Los cubiertos se pueden presentar envueltos en una servilleta de papel de colores y atados con una lazada de cordel.
Y si la velada se alarga hasta la noche, no hay nada como colorar unas velas repartidas en tarritos de cristal de todo tipo, que hayamos podido ir acumulando. Una vela de citroneta, además, ahuyentará a los mosquitos.
Jugando con todas estas ideas lograréis que una sencilla comida se convierta en algo inolvidable.
Más consejos para el hogar en Cuida Tu Vida, de La Botica.


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